jueves, 24 de febrero de 2022

 








POEMAS ROTOS (una introducción)


Poemas rotos es el libro que cierra lo que yo llamo “trilogía de la crisis”. El primero (Acto de Clausura) se publicó en 2015, el segundo (El final del banquete) en 2017 y ahora, después de un larguísismo embarazo en el cual el libro ha pasado por diversos estados de gestación y ha ido cambiando de nombre y de forma, sale a la luz el libro que cierra la obra, que es la clave del arco cuyos lados son los dos libros anteriores. En el 2009 me quedé en el paro. No era un buen año para quedarse en paro. Entre otras cosas, comprendí que los libros que había escrito hasta entonces no servían, que había que empezar de cero. Así han ido naciendo otros libros, en especial estos tres libros de poesía. Por fin puedo decir que he terminado como poeta, que ya me puedo quitar el traje de trabajo y me puedo poner las zapatillas de ir por casa. ¿No más poemas? Pues nunca se sabe, pero no me importa. Siento que he llegado exactamente donde quería llegar. Que he dicho todo lo que quería decir. Y eso no pasa muchas veces en la vida de un escritor. ¿Qué he construido? Un arco no hace una iglesia, pero un arco puede mantenerse erguido, aguantar contra los elementos y el tiempo cuando la iglesia ya se ha derrumbado.


Si tienes algo bueno, tu deber es compartirlo con los demás. Pero todo poeta en el fondo se resiste a compartir su tesoro, por miedo y por una avaricia natural, porque al fin y al cabo él sabe el precio que ha tenido que pagar para conseguirlo. Esta lucha está detrás de muchos libros. Aquí también. Ahora le toca otra lucha, la lucha de la vida. El libro ya está aquí, ha nacido. Como escritor estoy satisfecho y temeroso. Estoy muy orgulloso de estos poemas, de todos y de cada uno de ellos. Luego, el lector, como siempre pasa, irá quedándose con el suyo y apartando los demás. Eso no es malo. Que cada lector encuentre su poema. Que ningún poema se quede sin lector. 




















sábado, 22 de enero de 2022

 






En "El final del banquete" hay una versión de un poema del libro anterior ("Acto de clausura"). En realidad es un poema distinto, construido bajo los cimientos del poema original (por eso se llama "Fiesta mayor, segundo verano, y lo de segundo verano no es una licencia poética, es porque ese poema se escribió un verano en el mismo lugar y momento, y a partir de la misma experiencia que el primer "Fiesta mayor"). Los que no lo hayan leído antes, lo leerán como un poema nuevo, recién nacido, virginal. Los que ya lo conozcan del primer libro, lo leerán también como un poema nuevo. 

Ahora, para mi próximo libro ("Poemas rotos", el libro que cierra lo que yo llamo la "trilogía de la crisis" y que ha pasado por distintos nombres y distintos estados de gestación), he hecho lo mismo. He cogido un poema de "Acto de clausura" y lo he vuelto a escribir. O mejor dicho: he excavado en él nuevas galerías subterráneas. Los que lo conozcan lo leerán como un poema nuevo, los que no lo conozcan lo leerán como un poema nuevo. A mí me gusta que un libro tenga una puerta secreta que comunica con los libros que vendrán después, porque vamos construyendo hacia el fondo, construyendo bajo el piso anterior. Y así hasta que lleguemos al final del túnel. Al lugar donde la pared de roca se ha quedado sin perforar. El final del túnel está muy cerca, he bajado muy hondo pero nunca se bajará al final de todo, porque el final de todo está fuera del alcance de la voluntad humana. 

Os pongo aquí las dos versiones de "El asedio". Es un adelanto de  "Poemas rotos", un libro que ha tenido un embarazo muy largo y desesperante, pero que por suerte ya está en la fase del parto, y esta fase es la más violenta, peligrosa, emocionante, alegre y dura que puede tener un libro. Así que esto es una pequeña plegaria por la salvación de su alma. Porque un libro puede morir, pero su alma no debe morir nunca. Ya lo dijo Mike Scott. Y ya sabéis a qué canción me refiero...




                                                    EL ASEDIO


        -Tú nunca serás vulgar.

         Jamás sentencia alguna salió de labios tan dulces.

        Acepté con orgullo mi castigo.

        Veinte años luchando encarnizadamente con la vida.

        Cuando todo parecía perdido

        Me atrincheraba entre poemas y fotografías.

        Las canciones también ayudaban.

        El asedio durará poco, pensaba, es cuestión 

        de aguantar otro invierno.

        La nieve cae sobre el bosque oscuro

        y borra las huellas de mis enemigos
    
        El asedio no terminará nunca.


(Acto de clausura, Universidad de Murcia, 2015)














EL ASEDIO
(REMEMBER REMIX)



–Tú nunca serás vulgar.

Vulgar. Vulgar. Vulgar. 

Palabras que matan besos. Palabras que matan sueños.

–Tú nunca…

Ella está con otro. Tú estás muerto. 

Hablas como los muertos.

Y besarías como los muertos si besar no fuera pecado.

Sí. Tú nunca serás vulgar. 

Justo lo que tú querías oír.

Jamás sentencia alguna salió de labios tan dulces.

Acepté con orgullo mi castigo.

Veinte años luchando encarnizadamente con la vida.

Cuando todo parecía perdido…


Vulgar. Vulgar. Vulgar.

Nunca ser vulgar.



…me atrincheraba entre poemas y fotografías.

Las canciones también ayudaban.

El asedio durará poco, pensaba, es cuestión 

de aguantar otro invierno.

Vulgar. Vulgar. Ella está con otro.

Y tú buscas un poema donde no puede haber canción.

–Tú nunca serás vulgar.

La nieve cae sobre el bosque oscuro

y borra las huellas de mis enemigos

El asedio no terminará nunca.


Nunca. Nunca. Nunca.

Tú nunca serás vulgar.

Palabras de hielo sobre la tierra encendida.

Palabras de muerte hinchando las velas.



("Poemas rotos", en imprenta, edición prevista para marzo de 2022)

















viernes, 13 de agosto de 2021

 





DESIDERATA




Que los días pasen lentamente,
que sean monótonos e iguales,
que la vejez te sorprenda llamando a la puerta
en una hora imprevista,
y tú le abras tranquilamente, sin miedo ni dolor,
y te sea tan extraña que no la reconozcas.
Que el amor queme poco a poco,
madera de fuego lento
y calor discreto.
Que las manos nunca tengan frío
aunque al primer contacto resulten ásperas.
Que los besos sean veleros lentos
cruzando por un mar sin olas, 
y así como si no pasara nada
fuera pasando la vida.
Y así como si no pasara nada, un buen día
descubras llena el arca sagrada de los recuerdos,
con abrazos, risas, besos, miradas de
complicidad, gestos casi invisibles
de ternura, palabras modestas
de cariño y comprensión.
Y todo esto sea para ti
tú más querido tesoro,
más que la fama, el dinero, el poder, 
todas esas viles mentiras
que muerden y arañan ferozmente la inocencia,
esa inocencia que, como botella
de licor añejo, aún guarda el sabor y el olor 
durante muchos años,
esa inocencia que deseo para ti y para los tuyos
cuando llegue el momento del adiós.



                                                        (poema perteneciente a "Parada técnica", inédito)















martes, 6 de julio de 2021




 VOLVER A LA CIUDAD COMO UN EXTRAÑO


Volver a la ciudad como un extraño. 

Regresar a las calles que fueron tuyas. 

Regresar a los parques, a las iglesias, a las bibliotecas y supermercados, 

a los hospitales y museos.

 Regresar como un extraño, con la indiferencia de los peces 

y las aves. Retornar con la noche y escapar con la noche,

 y contemplar las luces y las sombras de una ciudad que fue tuya. 

Y ver tu vida como un fugitivo, como un forastero. 

Ver las calles llenas de gente o vacías, 

y ser nadie entre la gente y nadie entre el viento. 

Regresar a la ciudad que te vio nacer, 

y que fue escenario anónimo de todas tus vidas. 

La ciudad dura y hostil,

la ciudad cálida y mullida. 

Recorrer la ciudad como un extraño, 

de estación a estación, de autobús a autobús, 

y llegar a una casa que ya no sabes si es tuya, 

y recibir besos y abrazos que no sabes si mereces, 

o si han caído sobre la piel equivocada. 

Volver a la ciudad como un extraño, 

y andar por calles y parques y subir a las azoteas 

y bajar a los sótanos, y contemplarlo todo como quien 

contempla un vieja pintura borrosa, unas letras que casi 

no se pueden leer sobre una pared oscura, 

manchada por el agua y quemada por el sol. 


Y saber que ahí está la respuesta que no llegas a entender, 

el secreto que no acabas de recordar. 

Y después, una noche, una madrugada, abandonar la ciudad 

como un fugitivo. 

Para volver a tu nueva ciudad extraña, 

desde tu antigua ciudad extraña. Y no saber si vas o vuelves, 

o si nunca te has ido, 

o si nunca has vuelto. Y vivir en el camino, 

y vivir entre recuerdos polvorientos y heridas secas, 

entre canciones sin letra y palabras 

sin música.




LA MÚSICA ERA TAN MALA QUE SE PUSO A LLOVER…

(notas del exilio, 1)


Momentos que merecen ser salvados. 

Esas verbenas de Dolmen. Al final de la noche, cuando 

se ponían las chupas de cuero y gritaban: 

"Ahora vamos a tocar algo nuestro". 

Esos extraños regresos en coches inmundos, 

en autobuses fantasmales, 

todos dormidos menos yo, soledad desterrada, la mente 

amordazada, emociones despertadas, 

sin miedo, 

tan lejos de casa y de los horrores cotidianos...

Momentos que deben ser salvados. 

El destello en las miradas de ellas, la palabra exacta que cierra el arco, 

soledad y silencio cuando no huelen a muerte. 

Momentos que deben ser salvados. 

Un tren que avanza lento y cruza una frontera, un tren que lleva 

a otro tren que 

lleva a otro tren, cuando aún es pronto

y uno no sabe que la partida se pierde por miedo al triunfo. 

Ese miedo agazapado 

que me espera en los papeles. 

Pero no hoy.

Momentos que deben ser salvados. 

La pregunta de un niño que no pide respuesta. 

Esa vela consumida en las noches de tormenta, 

generación tras generación, 

memoria tras memoria. 

Esa vida perdida y reencontrada cuando uno lleva otro nombre 

y soledad y silencio son el traje limpio de la muerte. 

En esta noche larga, acosado por la música hostil, 

un recuerdo viene a salvarme. 

Como la lluvia inesperada y oportuna que apaga el ruido. 

Como un soplo de aire en un pulmón acristalado. 

Momentos que deben ser salvados. 

Momentos que aún alumbran a lo lejos, que señalan vida 

en los montes oscuros de la nostalgia. 

Despertar era entonces algo tan fácil. 

Abrir los ojos y oler la aventura como quien huele 

el pan recién hecho. Este miedo astuto que me espera en los papeles 

ha dejado escapar un hilo de luz. 

Momentos perdidos que me llevarán a un cuerpo cálido y conocido. 

Refugio seguro 

para una sola noche.




DICTADO

(PARA MIS ALUMNOS DE PRIMERO DE ESO)


Yo moriré una madrugada

en una inmensa sala de hospital

rodeado de otros cuerpos vivos o muertos

rodeado de cuerpos que morirán una madrugada

o que esperarán a que yo muera para morir conmigo una madrugada


yo moriré un atardecer

en una vieja cama de madera

mientras oigo las risas de los niños que juegan en los campos

que meten los pies en el agua que corre en las acequias

que hacen barcos para hormigas con las hojas de los naranjos


yo moriré un mediodía

en mitad de una calle ruidosa

entre un semáforo y una papelera

de camino al banco o al mercado

de vuelta del trabajo o del taller

donde he dejado mi coche y unas piernas que no andan bien

una memoria que parpadea

un corazón que tarda en calentarse


yo moriré

punto final.




MINUTOS ROBADOS


Dos minutos a segunda hora

mientras hago guardia en el pasillo.

Tres minutos, casi cuatro, un rato antes, en el metro.

Poca ganancia llevo hoy

aunque el día es largo y espeso 

y si miro bien tal vez 

podré encontrar algunas moneditas en el suelo.

¿He dicho que el día es largo?

El día de hoy será más que eso,

tan largo como ayer,

tan pesado y tan inútil.

No desfallezcamos, que aún queda semana

y si voy sumando los minutos

que ido robando aquí y allá, los pocos

versos que leo, las pocas

líneas de un cuento, las pocas 

hojas de una biografía, y ese tiempo escaso

de “no-existir”, de desaparecer entre grito y grito,

entre susurro y susurro,

entre parpadeo y parpadeo,

ese tiempo muy preciado y muy extraño, que

pasan días sin que encuentre ni una huella,

ni una señal de este tesoro real y mío

pero caprichoso y furtivo, ese tiempo…

¿Por dónde iba? 

A veces me pierdo en el vacío

absoluto de los minutos perdidos

en cumplir con mi deber,

en rellenar informes,

pero otras veces robo minutos al reloj vigilante

que ordena mis pasos y mis palabras

de ocho a tres y de tres a ocho,

y los voy juntando poco a poco, 

monedita a monedita, 

y los voy metiendo en la hucha

con la tonta esperanza de 

al final 

poder restarle un día

al calendario de la pared

que preside mi presidio.




LA VIDA SECRETA DE LAS PLANTAS

(Notas del exilio, 3)


¿Qué miras? ¿Qué mirabas todas las noches?

¿Qué miras en mi recuerdo de aquel piso, frente a la ventana cerrada

a treinta metros del río y tantos kilómetros de esa casa

que Morrissey te dijo que nunca sería tuya?

¿Qué mirabas con tus ojos negros, con tu boca negra, 

con tus piernas negras?

¿Qué mirabas con tus sueños rojos, con tus pechos rojos, 

con tu sexo rojo?

El amor no es posible y el dolor es una planta de interior. 

Has visto su tallo esbelto y veloz y casi has estado a punto de sonreír.

Pero por suerte todos duermen 

o están borrachos 

o están muertos o

(lo más terrible de todo) se han rendido al frío

que sube del río

y han entregado su semen congelado 

para fabricar una crema que no salvará a ninguna ballena.

Yo sé que sonríes, y sé que sonríes por nada, por no llorar

por no gritar, porque quieres gritar 

pero la bruma que sube del río 

llega muy alto, 

a siete pisos de altura, 

llega a la ventana, llega al dormitorio vacío, a los colchones

del suelo, a los cuerpos que duermen, 

los cuerpos que no saben

que el dolor es una planta de interior,

que el dolor es una planta rápida,

que el dolor es una planta extraña, 

sin fotosíntesis, sin semillas, sin hojas, sin raíz y sin espinas,

pero fuerte, tan fuerte

que miras la ventana oscura, 

miras tus dedos rojos

miras la ciudad borrada, el puente roto,

que tenemos que reconstruir cada noche,

y sin verme me miras, me miras sin hablarme,

sin hablarme me culpas

del anillo que cayó al río y de los bares que no cierran nunca.

¿Y cuántas noches ya llevamos con lo mismo?

Todo está mal. Desordenado. Revuelto.

Las puertas abiertas llevan a pasillos negros

que acaban en un dormitorio donde siempre hay un muerto en la cama hecha,

vestido, con las manos cruzadas sobre el pecho, mirándonos.

Los trenes no salen, los autobuses cruzan la calle equivocada,

los cementerios se multiplican y el Cierzo barre las tumbas interinas.

Y los demás duermen y tú miras por la ventana.

Y tú ya ni fumas ni bebes porque el bar quedó al otro lado del río

y será demolido en una media hora.

Tú sólo miras mi reflejo invisible, la pared sin sombra

y casi sonríes.

Y no dices nada, porque sabes

que el dolor es una planta de interior,

que el dolor es una planta rápida,

que el dolor es una planta extraña.

Y mientras la niebla que sube del río borra el portal,

el primer piso, el segundo piso, el tercer piso,

y va rápido hacia la ventana,

miras los cuerpos de los demás,  fríos, cerrados, mudos,

 y quieres gritar, quieres despertarlos

con gritos, patadas e insultos.

Ellos no saben que todo está mal. 

Se enredan y se confunden de boca, y es fácil,

para ellos es fácil, dormir, morir, rendirse,

venderse por una canción o por una cerveza

donar su semen congelado a cualquier sacerdote

de cualquier templo no visitable.

Hemos caminado juntos y hemos gritado y golpeado juntos.

Pero ahora no. 

Ahora nada de esto sirve,

porque la noche acaba y sólo quedamos tú y yo,

porque al final todas las noches acaban, 

todos los bares son el mismo bar,

todos los conciertos acaban con el mismo bis,

todas los puentes son el mismo puente blanco,

y sólo quedamos tú y yo,

tú y yo en la ventana roja

tú y yo en silencio,

matándonos con palabras

escritas en el vaho del cristal, con palabras que suben del río

y nadie escucha detonar.





NUEVO ORDEN MUNDIAL

(POEMA SIN POETINA)


Las navidades han pasado rápido y despacio.

Hace frío y calor.

Te quiero y te odio.

Te busco y te rechazo.

Somos ricos y pobres.

Contentos y tristes.

La casa es grande y pequeña. O: 

The house is big and small.

El dinero es todo y nada.

All and nothing.

En en nuevo orden mundial 

seré cruel y cariñoso.

Cumpliré mi destino y mi azar.

Sólo hay una certeza: No habrá más poesía.

Por eso este poema sin poetina.

Poema final del placer y dolor.

Qué estupendo todo y qué desastre.





POEMILLA DE LA ESTACIÓN DE DELICIAS


Viejos amigos de Zaragoza,

he pasado por vuestra ciudad y no os he buscado.

Tengo vuestros teléfonos y direcciones pero no los usaré.

No dejaré ningún aviso. No dejaré ningún mensaje.

No preguntaré a los vecinos. No me sentaré 

en un bar

para examinar vuestras nuevas vidas en vuestras nuevas casas.

Viejos amigos de Zaragoza,

he pasado por vuestra ciudad como un ladrón, como un espía,

como un fugitivo.

Llegué con la niebla y me voy con el rocío.

Los jardines, las rotondas, los hoscos semáforos

no darán la voz de alarma.

Viejos amigos de Zaragoza, no tenéis nada que temer.

El pasado ya sólo es peligroso

en mis recuerdos.




POEMA QUE YO NO HE ESCRITO NUNCA


No me habléis de injusticias.

No me habéis de futuras plagas, de desastres,

del Apocalipsis que viene.

No me habéis de la estupidez del hombre y de su eterna maldad.

Decidme que mis hijos crecerán sanos y fuertes, que

nunca desearán la muerte de su padre

porque el que ama mucho

a veces ahoga.

Decidme que algún día tendré la sensación 

de no haber desperdiciado mi vida,

que todo servirá para algo,

que la muerte y el dolor

me concederán una pequeña tregua

(otra pequeña tregua más).

Decidme que mis hijos podrán tener otros hijos

(si quieren), porque el mundo,

pese a todo, todavía será un lugar habitable.

Decidme esto

o me me digáis nada.



viernes, 11 de junio de 2021

 



TIEMPO


Cada día cuando vuelvo del trabajo

han pasado diez años.

Cuando te beso soy un niño perdido.

Cuando te abrazo viajo 

por los repliegues del tiempo.

Desde un tiempo sin pasado.

Hacia un tiempo sin futuro.

Cada tarde cuando regreso a casa

he perdido una vida.





NUEVAS OBSERVACIONES AL MILAGRO DE LA VIDA


Hablo porque tengo boca.

Porque tengo manos toco.

Porque tengo labios beso.


Y todo lo que toco,

y todo lo que nombro,

y todo lo que beso,

no existiría,

no tendría cuerpo, sabor, forma

si yo no tuviera

manos, labios, ojos.


Eso es la vida…


Palpar lo que sólo existe

porque existimos nosotros.

Saborear lo que sólo tiene sabor

cuando lo saboreamos nosotros.

Nombrar lo que sólo toma cuerpo

si lo nombramos nosotros

con nuestras manos,

con nuestros labios,

con nuestros ojos.




UN COLLAR DE BESOS


En esta hora de la tarde

en que esplende tu risa

como bandera ondeando al viento,

en que reluce tu figura

como alta palmera olvidada

en la gárgola del tiempo,

en esta hora de la tarde,

cuando ya no nos ata la vida

ni las caricias feroces y ciertas

con que suelen acuchillarse los amantes, 

en esta hora de la tarde, 

en que tú te peinas en silencio, 

de espaldas a mí, a mi sombra,

y canturreas feliz y distraídamente,

en esta hora atroz, en este instante 

exacto, te digo, oh amor

(en voz baja), 

nada podrá redimirme nunca

(sin que me oigas)

del dolor de ser sólo un hombre

(tragándome mis palabras)

con las manos llenas de escarcha, 

(mordiéndome de rabia la lengua)

con los ojos ciegos de luna 

(mordiéndome de rabia la vida)

y apenas 

(despedazando la vida…)

un pobre collar de besos

(…a bocados)


                                en los labios.




FE


Cuando llorar es lo más humano que se puede hacer.

Cuando ni las miradas bastan para expresar 

el dolor que rezuma por la piel. 

Cuando las palabras parece que no sirven para nada.

Cuando el vecino no es un desconocido 

sino un hermano herido al que hay que socorrer.

Cuando las manos no pueden detener la sangre

y queremos gritar 

y el llanto es lo único que nos sale.

Cuando llorar es lo más humano que se puede hacer…

Entonces es cuando hay que levantarse. 

Alzar las manos. Vivir. Tener fe. 

Fe en el hombre. Fe en la palabra.

Cuando más acosado está el amor…





DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS


No abras el grifo en mitad de la noche,

dios de lo cotidiano, te tengo miedo, 

hasta en eso. 

No enciendas la luz 

en mitad de mi sueño, dios de lo mínimo

dios de los pequeños milagros.

Si pretendes decirme algo, no te entiendo. 

Aunque seas inofensivo, me asustas. 

Me confundes 

con tus gestos simples. 

Dios de lo trivial, dios de lo mísero,

deja ya de corretear 

como un niño por la buhardilla.

Tus pasos me inquietan, me espanta tu juego.

Dios de las pequeñas cosas, déjame en paz.

Con mis miedos ya tengo bastante.




AMIGOS PERDIDOS


A Philippe se lo tragó la tierra

una húmeda mañana de finales de agosto

de mil novecientos noventa y tantos.

No recuerdo bien la fecha. Y el detalle sería

insignificante, si no fuera por los muchos amigos

que le precedieron en el viaje. 

También a mí se me tragó la tierra.

(No dispongo de muchos datos,

debió suceder de un modo imperceptible.)

Y cuando me encuentren, suponiendo que esto ocurra,

no sé si sabrán reconocerme. 

Si me abrazarán entonces, o tras unas breves palabras,

se separarán de mí, sacudidos 

por un súbito temor, el temor que sentiría yo,

si un día por casualidad 

me tropezara con ellos.



PANTEÓN


Hoy he venido a veros a todos.

Lorca, olvida tu vergüenza y tu rabia 

y sal de tu rincón.

Hoy he venido a traerte mi ofrenda.

Machado, Neruda, Brines, Goytisolo, Prado, 

querido Blas de Otero…

Tanto da si estáis en este mundo o en el otro:

Hoy os necesito a todos.

El tedio de la existencia

me aleja de vuestra luz

y navego a oscuras, sin rumbo

y sin tiempo.

Pero vosotros sois

como un árbol robusto

en mitad de un páramo nevado.

Vosotros indicáis el camino. 

Sin vosotros

blasfemo y reniego

de todo cuanto hay de hermoso en este mundo.

Por eso hoy he venido a veros.

Os pido que aceptéis estos versos.

Mi humilde admiración. Mis tristes excusas. 

Os suplico 

que perdonéis mi retraso.

Y os prometo que de ahora en adelante

vendré a visitaros más a menudo.




APROXIMACIÓN A LA TEORÍA DEL DESARME


Tú, yo.

Tú contra mí.

Yo contra ti.


Tú, yo.

Yo contra mí

Tú contra ti.


Tú, yo.

Los dos contra todo.

Todo contra los dos.


Tú, yo.

Todo, nada: nosotros.




EL INTRUSO


Yo no sentí tanto dolor inútil.

Yo no encontré placer en el sufrimiento,

oscura flor que crece en la herida desbocada

y cuyos pétalos brillan como cristales asesinos.

Yo no me relamí en soledad.

Yo no fui aquel adolescente duro, con la garganta

quemada por las palabras que no pude decir.


Reniego. Reniego de todo aquello.

Hay tantos momentos terribles…

Tantas noches de oprobio y frustración…


Cumplí integra mi condena.

Es hora de abrir la celda

y dejar entrar la luz.


Pero no puedo. 

El pasado vela el futuro.

El que no quiero ser

aún habita en mí.




(Poemas pertenecientes al libro "Poemas de Guardia", que recoge una selección de poemas inéditos escritos entre 2000 y 2015)





domingo, 23 de mayo de 2021

 





¿Qué puedo decir de Brines? Descubrí el "Otoño de las Rosas" con poco más de 20 años. Luego fui leyendo todos sus libros. Siempre ha sido uno de mis poetas básicos, fundamentales, es un tópico decirlo pero sin él yo no sé si hubiera llegado a ser poeta o no sé qué clase de poeta hubiera sido. Para mí hay un montón de poetas y luego están los pocos POETAS que están ahí arriba, en el Olimpo, en el monte sagrado, mirando a los demás desde la distancia imposible. Nunca llegaré a la altura en la que está su poesía, mi única posibilidad es tratar de emprender la subida y tratar de llegar lo más alto que pueda, aunque la cima se esconda entre la niebla y sea siempre inalcanzable. Brines está con muy pocos, y por eso hasta casi el final de su vida fue un poeta relativamente poco conocido... Hasta que viene la muerte y todo el mundo le dedica unas palabras, todo el mundo quiere salir en la foto del entierro, y casi ninguno de ellos (sobre todo los políticos de turno, con sus mensajes típicos que no dicen nada porque realmente no saben qué decir) ha leído ni un solo poema de Brines. Y eso me fastidia. Sé que es inevitable, pero eso me fastidia. Porque pasado mañana (es decir, hoy), ya lo habrán olvidado. Como dije en un poema hace tiempo... "Los buenos escritores solo salen en la tele/ cuando se mueren". 

En mi libro del 2015 le dedicaba un poema a él y a Blanca Andreu. En mi libro del 2016 le dedicaba otro poema. En mi nuevo libro de poesía, que debería haber salido este año pero como todo va muy lento ahora me parece que ya no saldrá hasta el año que viene, no le dedico ningún poema en concreto, pero su sombra vuela sobre todas las páginas, (como en tantos otros poemas míos) y para mí es un gran honor que me digan que mis poemas tienen algo suyo, que tienen un sabor a veces ligero o a veces muy intenso a Brines. Eso para mí es señal que estoy andando por la senda adecuada. Sí, nunca llegaré a la cima, lo sé. Pero mi ambición es acercarme todo lo que pueda a ella. Hoy en día se está produciendo una poesía "low cost", de supermercado lleno de "marcas blancas", o de fábrica de productos de serie y bajo coste, muy cutre y mala. No es toda la poesía, pero puede llegar a ser toda la poesía. Porque hay sendas que son tan difíciles que nadie las recorre. Brines no era muchas veces un poeta fácil. Si lo fuera no sería Brines. Ahora ha salido en los telediarios y en los periódicos. Y luego que... Quedarán sus libros. Un escritor no muere mientras alguien lee sus libros. Pero no soy optimista. Son libros que buscan lectores que sean capaces de tener la paciencia y la ambición de intentar desentrañar el misterio del poema. Y los poemas de Brines son como cuevas que cada vez se meten más y más en las profundidades de la tierra. Y cuando crees que ya has llegado al final, te aparece de pronto una nueva galería y tienes que seguir bajando y bajando, y no parecen tener final... Y de hecho posiblemente no lo tengan... No sé cuantos lectores espeleólogos nos quedan... Espero que alguno quede... 










Hace ya tiempo, hablando con Manuel Borrás me dijo que tenía que ir a comer un día con Brines. Yo le dije que sí, claro, pero no insistí. No se lo recordé en nuestra siguiente charla ni en la otra ni en la otra. No quería molestar a Brines. ¿Qué iba a decirle yo a él? No. Brines estaba muy lejos, en otro plano del mundo, en lo más alto del lugar más sagrado de todos. Pensé que tal vez en el futuro sí pudiera llegar a comer con él, pero en un futuro muy lejano, cuando yo tuviera algo más que unos pocos buenos poemas. No caí en la cuenta que Brines era mortal. De hecho, hasta hace unos días seguía pensado lo mismo. Por eso mi primera reacción cuando escuché la noticia de su muerte fue incredulidad... ¿Cómo va a morir alguien que desde siempre ha tenido el don de la inmortalidad? Y aún me resisto a admitir que ha muerto, y me lo tengo que repetir a mí mismo: Brines ya es solo luz, todo él ya es solo luz. Ya no hay carne, ahora únicamente hay poema: luz, nada más que luz.


No diré "Descansa en paz". Diré "Vive en paz", vive en la paz de tus libros, como siempre has vivido. En esa paz que encontraba en cada uno de tus poemas. 








viernes, 30 de octubre de 2020

 




PALABRAS PARA UN DOMINGO



Alégrate de levantarte un domingo, un domingo cualquiera

y tener dos piernas y poder andar.

Alégrate de tener una mujer a tu lado, durmiendo en la cama grande,

una mujer a la que abrazar y que te dé calor en las largas noches de invierno.

Alégrate de oír las risas de tus hijos. Y que te pidan la leche o te pregunten

qué pantalón ponerse.

Y alégrate de tener leche en la nevera y un pantalón para salir de casa.

Vienes de las pesadillas de la noche, de los fantasmas silenciosos

e invisibles, que te observan y vigilan en la gran sala vacía.

Están ahí y no aparecen. Y la sala vacía del cine tiene el proyector encendido.

Y la pantalla en blanco.

Ves las sombras que la cruzan y sabes que los fantasmas no tienen sombras.

Y luego el pasillo cada vez más estrecho, y la puerta de la calle y tú cada vez más cerca

y el pasillo cada vez más estrecho. Y la luz

en la calle. 

Y tú que no llegas, que no puedes llegar. 

Pero abres los ojos. Se acabó la pesadilla. La casa está en silencio. 

Hay luz en el comedor.

Alégrate de tus pesadillas. Sólo los vivos tienen pesadillas.

Alégrate de tener una mujer a la que contarle tus pesadillas.

Alégrate de tener unos hijos que te contarán sus pesadillas.

Alégrate de tener una lavadora que poner y unos platos que fregar.

Porque es domingo, un simple domingo, y tienes toda la mañana por delante.

Porque es domingo, un simple domingo, y estás vivo 

y has salido de tu pesadilla.







EL ÚLTIMO ASEDIO (POEMA PROVISIONAL)



Cuando cunda el pánico,

cuando el enemigo ya esté dentro,

avanzando por las calles oscuras

mientras al fondo, junto a la muralla,

ya se ven las primeras llamas

del incendio que devorará la ciudad entera,

cuando estemos solos,

solos ante nuestra muerte,

y los gritos horribles de otros hombres y otras mujeres

no sean más que el preludio seco de nuestro silencio,

cuando la muralla caiga,

cuando los campanarios y las cúpulas de las iglesias caigan, 

cuando los escudos de piedra y las estatuas caigan,

cuando los cuerpos caigan,

cuando todo esté en tierra

y toda la tierra sea ceniza y huesos,

recordaremos el sabor de nuestros primeros besos,

de los besos antiguos y casi olvidados,

de los besos que abrían montañas y cerraban heridas,

de los besos que ya no recordábamos a qué sabían,

y moriremos con el recobrado sabor de los besos de antes,

y ese sabor será tan fuerte que perdurará en la tierra,

que perdurará en el aire,

y será extrañamente percibido por los arqueólogos futuros,

los que descubrirán nuestra tumba por error

y no sabrán nada de nosotros.







La noche no es para mí

(Video)



La cantante está enferma.

Pero el tren saldrá a su hora.

La cantante ya no canta, me han dicho.

Pero en el video se le ve tan joven,

que parece mentira que el tiempo…

El video de Video, por cierto, en su momento

no pensaba en estas cosas.

No pensaba en Coppini ni en su Hansel y Gretel.

no pensaba en Janis ni en las mentiras que tendré que contar 

a mis hijos.

Medicinas para el corazón, sí, todos morimos con demasiadas

medicinas en el corazón.


(Esperando la noche/

como el que espera/ su final)


Video. ¿Qué sabía yo de este grupo,

de las discotecas de la costa, de los pubs por cuyas puertas

yo pasaba sin sospechar nada,

sin ver nada, 

sin entender qué hacía esa gente ahí, amontonada en la acera

gritando, tirando botellas vacías, pegándose,

besándose…


Pero el tren va a salir.

A su hora.

Como siempre.

Y yo me montaré y seré otra persona.

Otra máscara. Otra mentira.

Perlas ensangrentadas, flores pisoteadas.

La noche, sí, esa noche, también fue para mí.

Y pasó por mi ventana mientras yo miraba la sangre

de mis manos.

La herida 

de esa pistola que alguien había dejado en mi mesa

cargada y dispuesta

para que pudiera evitar la tentación.






Everybody hurts, REM




Todavía estábamos en Losing my religion

Pero ya sabíamos que Everybody hurts.

Olas contra los pórticos

del paseo que sube desde la estación.

Tu cuello frío y mi mirada muda.

Tu cuello mudo y mi mirada fría.

Todavía ni habíamos llegado al concierto

y ya estaban tocando la canción del entierro.

Será hermosa música que nunca podremos escuchar.

La canción que nos cantaban las brujas niñeras en la cuna

y que luego perdimos y siempre buscamos.

Será hermosa música sobre tu cuello fino y mi mano torpe.


Olas furiosas en la larga avenida

cuerpos que caminan hacia la última canción

y doblamos la esquina para ver qué la plaza está vacía

y en el suelo alguien nos ha dejado una flecha que nadie ve

porque está pintada con un color que solo tú y yo podemos ver.

Olas furiosas en la larga avenida

cuerpos que caminan hacia la última canción

y doblamos la esquina para ver qué la plaza está vacía

y en el suelo alguien nos ha dejado una flecha que nadie ve

porque está pintada con un color que solo tú y yo podemos ver.



No habíamos llegado aún a Everybody hurts

aunque ya sabíamos que si algo te quema 

es que aún estás vivo.

Sí, mi amor, mi amor bastardo, mi amor enfermo,

mi amor parásito, mi amor mohoso, mi amor descompuesto, mi

amor inyectado en vena, ¿pero no decían que esto subía despacio?, 

mi amor carcomido

con gusanos poetas y ratas licenciadas, sí, mi amor muerto,

mi amor abortado, sí, te escucho, claro que te escucho,

y canto, canto contigo, en la noche honda, en la plaza sucia,

sin pisar los vasos rotos, volando por encima de escaleras mecánicas

que nunca uso nadie jamás.


Olas furiosas en la larga avenida

cuerpos que caminan hacia la última canción

y doblamos la esquina para ver qué la plaza está vacía

y en el suelo alguien nos ha dejado una flecha que nadie ve

porque está pintada con un color que solo tú y yo podemos ver

que solo tú y yo podemos ver

que solo tú y yo podemos ver

que solo

que solo

que nadie nadie nadie nadie nadie nadie 

nadie que no tenga tus ojos que comen

tus ojos que se comen a mis ojos

nadie que no haya sido comido por tus ojos

nadie puede ver.

Nadie puede ver.


No habíamos llegado a Everybody hurts 

y no nos podíamos herir más.

Sin armas ni gritos 

sin manos ni palabras

Y todo el daño estaba hecho.

Y no podía existir mayor dolor en el mundo.


Olas ruidosas en la calle empinada

que subía de la estación.

El tren en la vía, esperando su momento

El beso en la pistola, esperando el regreso de la lluvia

esa lluvia que borraría la flecha, 

que nos dejaría atados al futuro en un barco a la deriva

atados frente a la catarata que ya ruge,

aunque la lluvia nos la tape con su mortaja.


Aún estábamos en Losing my religión

y ya sabíamos que la bala que nos esperaba

era tan vulgar como cualquier bala

y que eso era lo más insoportable de todo.


Olas furiosas en la larga avenida

cuerpos que caminan hacia la última canción.









Out of time/out of place

(Palabras para un lunes)





Desde la mañana a la noche

peleando con tu pasado.

Desde la noche a la mañana,

hundido en el lodo de pesadillas sucias

que mancharán tus manos cuando,

al despertar, quieras salir de la cama

para ver qué tus hijos duermen

para ver que tienes hijos y tienes casa

para ver que tienes cuerpo y un espejo

que no te desprecia tanto como te desprecia tu memoria.

Alfonso, Alfonso. Así no vas a durar mucho y lo sabes.

Alfonso Vila Francés, ¡mírame bien! A ti te digo… 

Con un poema más no vas a engañar a nadie.

¿En serio te creíste ese cuento que te contó Eliseo Subiela?

Nada dura menos que un fuego sin pastor que lo cuide.

Y tus ramas están muy mojadas por la lluvia.


El pastor sabe qué madera es la buena para cada noche.

El pastor sabe que al final hay brasas que incendian un pajar.



 Desde la mañana a la noche

peleando con tu pasado.

Desde la noche a la mañana,

hundido en el lodo de pesadillas sucias

que mancharán tus manos cuando,

al despertar, quieras salir de la cama

para ver qué tu mujer duerme,

que no ha escapado por la ventana,

en mitad de la noche,

que no ha dejado la nota

que llevas muchos años esperando.

Si no mereces amor, ¿porqué diste tanto amor?

Si diste tanto amor, ¿cómo no dejaste un poco para ti?


Alfonso, Alfonso.

Así no vas a durar mucho.

Y no le pidas a los Rollings más canciones para tu insomnio.

Ni a Neil Young, ni a Van Morrison, ni a ninguno de todos

los que quieren hacer otra casa nueva 

sin demoler primero la vieja.


¿Te tengo que recordar que Morrissey ya te lo dijo?

Pero tú sigues con tu música y tus fotos y tus poemas y tus cuentos

y… ¿libros? ¿libros de qué? ¿libros para quién?


Es tarde y aún no puedes dormir.

Y dormir luego será volver a las pesadillas,

al miedo de esa semana que tendrá que llegar y quedarse y luego

apagarse muy muy muy muy lentamente.

Aunque hay brasas… sí, ya sabes. 

En cualquier momento empezará el incendio,

y tú tendrás que decidir

que vas a salvar, qué vas a rescatar de las llamas por esta vez.

Y no es que quiera ser molesto, Alfonso, de verdad que no quiero.

Pero yo estoy aquí para eso.

Para ayudarte a que decidas qué vas a salvar,

y para recordarte que lo que salves de un incendio

se quemará en el siguiente.






LA ENFERMEDAD DE LA PRADERA


Es tan terrible ser un punto en el espacio
Entre la tierra vacía y el cielo vacío
Entre los huesos del suelo y los huesos del aire
Junto a los lobos y el árbol del ahorcado.


Es tan terrible ser un grano de arena
una brizna de hierba
una pluma perdida
que flota sobre el fuego
de la única hoguera del mundo.


El aire caliente asciende,
los cuerpos muertos se pudren,
pero la mujer perdida en la noche ¿dónde irá?
Hay un punto de luz en la noche:
la única hoguera del mundo.
Y tú estás lejos. Y el viento
aúlla. Y los lobos levantan la tierra fría
con sus pezuñas veloces.
Y el aire...

La enfermedad de la pradera la llamaron.
Los que llegaron aquí vieron como sus piernas se secaban como madera.
Los que vinieron aquí se convirtieron en raíces muertas.
Y entonces comprendieron que habían confundido el horizonte,
comprendieron que no estaban en el lado correcto.
El aire era tan pesado
que la tierra ligera se dio la vuelta
y se subió en él.





POEMA INICIAL



Que todos piensen que has muerto
y que nadie te eche de menos.
Métete en tu habitación. 
Dedícate a tus fotitos, a tus poemitas, a tus novelitas.
No tienes talento, solo ambición.
No tienes disciplina. Eres cobarde.
Pero tú sigue soñando con el éxito, 
Con un milagro que nunca llegará
porque tú no crees en milagros.
Pese a todo, no dejes tus poemitas, 
ni tus novelitas, ni tus fotitos. 
Nunca llegarás a nada.
Bueno, ¿y qué importa?
El mundo es estúpido, violento, absurdo.
Tú no lo has a hacer peor.





PALABRAS PARA UN MIÉRCOLES
(POEMA PRIVADO)



He sido muy duro contigo, mamá.
Te acusé en silencio (sin palabras, esquivando tu mirada) 
de no comprenderme.
No entendía que tú no podías comprenderme.
Y ahora, en esta cama de hospital, en esta noche
sin tiempo y sin luz, una breve
mirada tuya,
busca la mía, y por un segundo la mentira
que nos salva del mundo,
desaparece de pronto
(muro que cae sin dejar huella)
y el aire frío de la muerte
entra y sale libremente
sin tocarte y sin tocarme, pero helándonos
y juntándonos en esta larga noche 
sin tiempo y sin luz.
Y sí, mamá, hay muchas cosas
que podría reprocharte.
Cosas que te reproché durante años,
ciegamente, sordamente-
Y ya da igual, da totalmente igual.
Nada importa ya.
No he sido un buen hijo, eso es cierto.
No he hecho lo que debía hacer.
Lo que tú esperabas que hiciera.
He intentado subir a la montaña 
sin querer usar ninguno de los senderos que tú me señalabas.
¡Eras tan exigente!
¡Eras tan insistente!
Y yo no quería llegar a ningún sitio.
No quería ir donde debía ir.
¿Me da derecho eso a juzgarte a ti?
Tú has hecho lo que has podido.
Yo no he hecho todo lo que podía.
Eso es todo.
O no. O hay más…
Hay mucho más.
Hay preguntas que no saldrán de mi boca.
Hay respuestas que tú nunca dirías.
Hay un río insalvable, un inmenso
espacio de tiempo y lucha,
de sacrificio y sacrificio y sacrificio
para llegar a tener todo eso que tontamente 
(por tenerlo regalado) yo despreciaba.
Ahora tal vez es tarde.
Pero no para la mirada final.
La mirada sin palabras pero sin reproche.
La mirada sin perdón pero sin culpa.
La mirada que nos iguala y nos reconcilia.
La mirada que nos encierra en un pedazo de hielo
al fondo del glaciar de la muerte.
La mirada que nos aplasta contra el lodo
al fondo del barranco de la vida.