miércoles, 29 de julio de 2026

 








LAS AMIGAS DE MI MADRE


Las amigas de mi madre se van muriendo.

Esas personas que llamábamos “tías” sin ser realmente “tías”.

(¿”Realmente”?, tal vez debería decir “Legalmente”…)

Los tíos y tías “de verdad” también se van muriendo…

(Y se van muriendo “de verdad”, aunque uno 

los sigue viendo en su memoria, los sigue viendo 

en las fotos que tiene

en el ordenador, 

y están tan vivos ahí que parece mentira que no, que

ya no estén, que nunca más van a estar, pero es cierto, 

y eso no es lo peor…)

Esa frase terrible que escuché un día:

“ya solo nos juntamos para los entierros”,

se ha hecho realidad en mi familia más cercana.

Todas las amigas de mi madre, todos mis tíos y tías (oficiales

o no) estuvieron siempre ahí, siempre, desde el principio,

desde mi primeros recuerdos…

A veces me olvido que han muerto. Mi mente

se niega a aceptar algo tan simple como la muerte.

Recuerdo conversaciones, miradas, risas… 

Es injusto que la gente

se muera, pienso, pero ¿qué se puede hacer 

o qué se puede decir 

que realmente sirva para algo?

Nada. No hay nada.

Son tantos años de recuerdos…

Las amigas de mi madre nunca me juzgaron. 

Nunca hablaban mucho

con ese niño a veces, muchas veces, enfadado con la vida.

(supongo que con mi madre sí que hablaban de mí, 

pero yo nunca lo pensé..)

Las traté más de adulto, cuando aún seguía enfadado

con la vida, pero ya sabía que lo importante es disimular…

(¿Quién no está enfadado con la vida? 

Pero qué derecho tenemos

a molestar a los demás 

con nuestros insignificantes enfados?)

Ahora que no están seguimos jugando. 

Miramos de reojo las sillas vacías y tiramos los dados.

Hay muchas sillas vacías pero el juego sigue.

Pasamos sobre las casillas del tablero y no decimos nada

cuando alguien tiene mala suerte con su jugada.

De niños, los niños jugábamos en otra habitación

mientras los padres hablaban. Ahora no hay niños que jueguen

y los padres ya no tienen ganas de hablar…

Las amigas de mi madre me vieron crecer… 

Y crecer es esto:

ver una habitación llena de sillas vacías

donde los pocos jugadores que quedan

ya no tienen ningún interés en ganar la partida.

¿Y porqué siguen jugando, por simple inercia?

¿Acaso hay algo más? No hay ningún premio

para el ganador, solo en una habitación vacía,

solo con los recuerdos y las fotos mentirosas.

Los dados caen. Las fichas se mueven…











SUEÑO O DELIRIO


Que toda vida que se vive plena es vida para escándalo

Luís Antonio de Villena



Yo nunca quise armar ningún escándalo

y por eso renuncié a vivir mi vida,

 o, en todo caso, viví solo un poco,

muy poco, tomándola con cuidado, 

torpemente, sin pretender llamar la atención…

(aunque mi torpeza solía traicionarme

para horror mío).

Veía como vivían los otros sus vidas.

Como algunos abusaban de ellas todo lo que podían,

y no les importaba el escándalo.

Yo me alegraba por ellos

pero no les envidiaba.

Sus tesoros estaban muy lejos, demasiado lejos,

inconcebiblemente lejos para mí, era inútil 

desearlos.

Si alguien venía a preguntar: “¿Estás bien?

¿Quieres algo?”. Me apresuraba en responder:

“Sí, sí, estoy bien, no te molestes, no hace falta que 

insistas, estoy perfectamente”. Era mentira, claro.

Y todos lo sabían. O mejor dicho: 

nadie lo sabía. Porque nadie miraba.

Era solo mi miedo, mi miedo a ser visto, 

a estar desnudo 

delante de todos, a sentirse

juzgado por un tribunal

severo y cruel

que en realidad no existía: o que solo existía 

en mi imaginación.

Nadie miraba, pero mi miedo estaba siempre ahí.

Pasar discretamente, lo más discretamente posible.

Pero mi torpeza… 

Mi maldita torpeza…

¡Ay! ¡Quién fuera invisible!

Observar a los hombres sin ser visto nunca.

Y no necesitar nada.









EMMANUEL CARRÈRE Y SUS HERMANAS HACIENDO KOLJÓS 

JUNTO A SU MADRE MORIBUNDA



Nosotros no haremos Koljós.

(¿O sí?, ¿cómo saberlo?)

Nosotros no estamos cerca.

(Aunque lo estemos, si lo estamos…)

Nosotros sabemos que la cadena es larga, muy larga, 

pero tiene un final

y si te pasas aprieta

y duele.

Nosotros no hablamos del tema.

No es que no “queramos” hablar del tema,

es que no hay nada de lo que hablar.

Pasó, pasa, pasará. Nada más. Toda palabra

es inútil y dolorosa.

Nosotros nos miramos

y nos basta con mirarnos.

Nosotros estamos aquí, ahora. No podemos

decir más.

(Pero no, no basta, nunca bastará, jamás bastará.

Y lo sabemos, demasiado bien lo sabemos…)


“Lo dejo aquí”, escribe Emmanuel.

Y sí, lo deja allí. Ni una palabra más. Nada. Un punto final

que cae como una piedra de la montaña,

no una piedra cualquiera: la piedra que va directa a tu cabeza.

En algún momento alguno de nosotros dirá lo mismo.

En algún momento la piedra vendrá volando, de repente…

En algún momento…

Alguno…

¿Yo? ¿Quién?

Lo dejo aquí.










domingo, 29 de marzo de 2026

 











POEMA SIN MOTIVO



Yo viví las bacanales en mi infancia.
Los mayores cantando al fuego y los niños mirando con ojos asombrados.
Sombras rojas y pavesas elevándose
bajo el árbol seco.
Luego el baño nocturno en frescas aguas invisibles,
las risas imprecisas y los cuerpos de luz negra.
Eran fiestas de todos donde todos comulgaban
en la dicha del verano, el campo intacto y la cosecha cierta.
Yo viví las hogueras altas entre sombras crujientes,
y supe del humo y el tizón que cierra la escena.
Cuando el sol ardía el árbol callaba.
Desde su muerte antigua la vida se reiniciaba.
Eran las últimas bacanales y yo miraba encantado,
feliz por participar en el mundo de los mayores.
Alguien taló el árbol seco y el barranco se llenó de zarzas.
Las hogueras, las risas, los baños nocturnos,
todo duerme ahora en el fondo de una ciénaga
donde se macera con el rencor y la tristeza.
Hace años, muchos años, yo viví las últimas bacanales.
Eran simples y hermosas como el viejo mundo.
No volverá nunca el pasado.
Ni siquiera lo puedo llamar ya pasado.
Porque otro pasado más duro, más hostil, más venenoso
ha ido superponiéndose en mi memoria.
Es un pasado ladrón y rencoroso
que quiere ensuciarme las páginas más limpias y sinceras de la vida.
¿Acaso se acerca ya la muerte, que me devuelve 
el tiempo mi primer tesoro?
¡Qué tesoro tan frágil tocan ahora mis dedos!
Recuerdos tan antiguos que deslumbran mis ojos.
¿Para qué todo si al final queda tan poco?
¿Para qué tan lejos para acabar
desterrando huesos en tu propio jardín?
Viejo perro sin dientes,
¿qué vas a hacer con ellos?
¿Acaso volver a enterrarlos?
¿Escribir un poema?
Legarlos a tus hijos, relamidos con gozo y lágrimas,
¿es ese el sentido del tiempo, que se nos escapa siempre?
El tiempo, como la vida, es la larga hoguera en esa
negra noche de verano, junto al agua y al árbol,
junto a la uva y el romero.
¿Y qué más?
No. Tal vez la pregunta no es esa. 
Tal vez la pregunta es para qué preguntas.
Era hermoso el fuego, las sombras y los cuerpos que bailan.
Tú lo viviste y nadie en el mundo, ningún otro hombre
fue testigo del milagro.
Como pasó y pasa y pasará.
Otros mundos serán hermosos y tristes.
Y otros hombres los cantarán y los lloraran.
Entierra tú tu tesoro.
Deja que reluzca entre tus manos y ocúltalo con mimo.
Cumple tu misión y no preguntes.
Las respuestas y la belleza 
no te pertenecen.













sábado, 20 de septiembre de 2025

 






















CUANDO NOS AMAMOS (boceto uno)
 


Cuando nos amamos
se aman todos los amantes del mundo,
los que se hirieron con amor,
los que veneraron el amor sobre un altar,
y sacrificaron pequeñas uñas en su nombre,
 o grandes espejos, o finas camisas,
o cualquier cosa que tuvieran a mano,
los que comieron amor y les sentó mal,
los que comieron amor y quedaron saciados,
tan saciados que luego ya no pudieron comer nada más
y murieron de hambre.
Cuando nos amamos, en nosotros
se aman todos los amantes del mundo,
los que no llegaron a amar,
los que amaron a gritos,
los que amaron en silencio,
o solo un ratito entre dos tormentas,
porque los rayos y los truenos
espantaban a los poemas del parvulario.
Cuando nos amamos no hay nadie
más en el mundo que pueda amar,
todo el amor es nuestro,
tenemos posesión del morfema y sus derivados,
 de los adjetivos, de los adverbios, de los
complementos circunstanciales de modo, de lugar
y hasta de tiempo.
Cuando nos amamos todo
el amor es nuestro. (Aunque todo se nos escapa
porque las redes son demasiado anchas,
y mejor así, mejor que escape todo el amor,
que no se quede dentro, que corra y salte
y vuele sobre la ciudad, y así nos deje dormir
 hasta que llegue la noche.)
Todo el amor que alguien lanzó o ingirió
o machacó o pinto con tinta invisible
o solo dejó olvidado
en un cajoncito de la cómoda, por si alguna tarde,
a media siesta, sonaba un timbre, todo ese amor
que es nuestro, tuyo y mío, nuestro
desde el principio del mundo, nuestro hasta
el final del mundo,
todo ese amor cabe en un beso,
en un mordisco, en un lamido,
en un pellizco, en un gemido,
incluso en un silencio cabe todo ese amor
cuando nos amamos.
Pero luego abres los ojos, los muebles
 se quedan quietos, la casa espera
el golpe de la puerta al cerrarse,
solo las cortinas bailan distraídas.
“Ha estado bien el amor”, me dices,
“Ha estado bien el amor”, te digo,
sin hablar, sin mirarnos, con el morse de los dedos.
Todo el amor de los amantes,
todo ese amor que era nuestro,
vuelve a ser una corriente de aire frio
que vaga sin rumbo, que a veces
hace volar los sombreros, pero que refresca
las tardes de un agosto terrible.
Mejor así, te digo, sin hablar, con las letras
de la luz en la pared. Te levantas.
Te vas a la cocina.
“Ha estado bien”, dice la tele.









poema inicial


El sexo aún no existía
y el amor era tan nuevo
que no había sido tocado
por el aire pútrido de la vida.
Yo te quise
con todo el dolor de los puños
cerrados sobre el cuello
del pájaro infantil,
con todo el dolor del mar
contra la roca,
con todo el dolor de la raíz
bajo la acera.
Yo te quise,
pero el amor era tan nuevo
que las palabras aún estaban embaladas,
y el conserje hacía su trabajo
y lo hacía tan rápido
que los papeles saltaban a la hoguera
en el patio cerrado.
Todo esto sucedió entonces.
Luego se inventó el sexo y el matarratas.
Un aire malo tocó el amor y lo volvió
mercenario. Cuando le llamaban por su nombre
no respondía. Cuando le pedían
que hablara en su lengua materna
se escupía en los pies.
El conserje reía con ganas.
El beso no encontró río.
La boca no encontró puerta.
La sangre se equivocó de dirección
y yo quise despertar
y resultó que ya estaba despierto.
 





Hoy no es día para la poesía

 
–Ven conmigo. Sufrirás maravillosamente.
Tu deseo más profundo es una piedra en el río.
Una piedra del fondo, luchando desesperadamente
contra la corriente,
agarrándose a un suelo de fango
 que no la retendrá.
Tu deseo más profundo se precipita
por la catarata,
se precipita hacia mí,
se precipita hacia el dolor, que tú nunca has creído
que sea un tipo de placer.
Hoy no es día para la poesía.
 




  
Ejercicio práctico nª 2. Resume brevemente tu trayectoria vital
 

No lo volveré a hacer
No lo volveré a hacer
No lo volveré a hacer
No lo volveré a hacer
 
 
¿Qué vas a hacer?
Volverlo a hacer.






















De camino


Él dirá que dice la verdad.

No le hagáis caso.

Será inútil que intentéis disuadirle.

No bailará con vosotros.

Ni falta que hace.

Vosotros a lo vuestro.

Él dirá que dice la verdad.

Jurará que quiere preveniros.

Que lo hace por amor a los hombres,

a la humanidad entera.

No le hagáis caso.

No aminoréis la marcha.

Bailad, reid, corred, corred más.

El iceberg ya está cerca.




domingo, 29 de junio de 2025

 










COMO TÚ
(CON PERMISO DE LÉON FELIPE)




Creo en la corrupción del sistema.
Creo en la maldad, la mezquindad y la estupidez.
Creo en los privilegios injustos y arbitrarios.
Creo que la sinceridad y la decencia solo son 
una bonita máscara en la fiesta de disfraces
de nuestro jefe (esa fiesta a la que vamos todos obligados
aunque una vez allí criticamos y cotilleamos con placer).
Creo que las malas acciones tendrán su castigo…
menos las mías…
Creo que yo merezco más que los demás
(aunque haga menos que los demás).
Creo en la hipocresía, la avaricia y el orgullo
infantil y estúpido.
Por supuesto que digo siempre lo contrario.
Protesto contra la injusticia cuando no me favorece,
cuando soy yo el beneficiado
callo la boca y disimulo, como tú,
querido lector, como tú.













DICEN



Dicen que Pier Paolo iba buscando pelea.
Dicen que Francesca se miró una tarde
en el espejo del visor
y no se reconoció.
Dicen que Adrian bajó despacio 
las escaleras de esa estación de Metro
de una ciudad oscura
donde su música brillo.
Dicen, dicen, la gente no habla
pero se cuentan cosas.
Algunos miran y no ven
Otros no quieren mirar y ven…
Al final, unos por otros, nadie dice nada.
Pero hablan, luego, después, 
cuando no hay nada que hablar.
Yo no sé, no lo puedo saber. Ni quiero 
saberlo.
Hay una ventana, hay una navaja, hay un andén,
lo sé, no sé dónde, no sé cuándo, pero están ahí, 
esperando…













MALDICIÓN POR ACCIDENTE



Vinieron días tranquilos.
No hacía frío ni calor.
Podías ir desnudo o vestido.
dormir tapado o destapado,
hablar o callar,
Trabajar o no hacer nada,
estar despierto o andar sonámbulo.
Estos días acabaron de pronto.
Me puse a escribir y no tuve cuidado.
Las palabras se disolvieron en el aire.














REDACCIÓN ESCOLAR



Yo moriré una madrugada
en una inmensa sala de hospital,
rodeado de otros cuerpos vivos o muertos,
rodeados de cuerpos que morirán una madrugada,
o que esperaran a que yo muera para 
morir conmigo una madrugada.

Yo moriré un atardecer
en una vieja cama de madera
mientras oigo las risas de los niños
que juegan en los campos, que meten
los pies en el agua que corre
por las acequias, que hacen barcos
para las hormigas con hojas
de naranjos,

Yo moriré un mediodía
en mitad de una calle ruidosa
entre un semáforo y una papelera
de camino al banco o al mercado,
de vuelta del trabajo o del taller
donde dejé mi coche y unas piernas
que no andan bien, una memoria
que parpadea, un corazón
que tarda en calentarse.

Yo moriré… 
Punto final.








sábado, 14 de diciembre de 2024

 













CORAZÓN DE ULISES


 

Subir a cualquier tren

sin preguntar dónde va.

Zarpar en cualquier barco

y tocar tierra en un puerto oscuro

de una desconocida ciudad dormida.

Salir sin despedirse.

Salir sin preparativos, sin más equipaje 

que lo que llevamos encima:

la ropa, la cartera, la ilusión

que creímos perdida para siempre

de no comenzar en otra parte

sino continuar lo que éramos

cuando todavía no éramos nada.












MI AÑO PERDIDO



Una tarde con Saul Leiter en su apartamento,

mientras nieva en New York y hay fotógrafos jóvenes

esperando en su puerta. Ahora que Saul

ya es viejo y comprende que todos

sus trucos para esquivar el éxito

han sido tontos juegos infantiles.

Una tarde con Nan Goldin en la cafetería del hospital.

¿Cómo está tu ojo?

Mejor, ya lo ves.

Las preguntas que no se dicen dando vueltas

en el café de la taza como esos trocitos de papel 

del sobre de azúcar que han caído dentro

y no saben hundirse.

Menos mal que no tenías las fotos en casa que si no ese…

Nan levanta la mano y pide silencio.

Saca el trocito de papel y bebe un poco

de su café frío.

Los fotógrafos cuidamos más nuestras fotos

que nuestros ojos.

Siempre sospeché que hay errores voluntarios.

Lo sabe Nan.

Lo sabe Saul.

No lo llames destino, es la inercia del talento:

sabe bien dónde dejar la autopista

y tomar ese camino estrecho y con tan mal asfalto

que solo lleva al cártel de carretera cortada,

y sabe que hay que seguir,

y sigue,

y al final descubre dónde está el corte

y por dónde se puede saltar.









LA REGLA DE ORO



Mejor tender la ropa que escribir.

Mejor fregar el suelo

que escribir.

Mejor, mucho mejor, salir a pasear

que escribir.

Mejor quitar el polvo que escribir.

Mejor, mucho mejor, leer

que escribir (Pero cuidado, no leas nunca

como escritor, o lo único que harás

será empeorar la enfermedad con la medicina

equivocada.)

Mejor comprar el pan

que escribir.

Mejor jugar con tu gato

que escribir.

Escribe solo si no hay más remedio.

Escribe lo que no puedas

no escribir, pero escribe siempre

contra ti, no para ti

(y, por supuesto, nunca para los demás).

Mejor cortarse las uñas

que escribir.

Mejor, infinitamente mejor, escuchar música

que escribir.









ÚLTIMAS PALABRAS PARA G. F.


No hablaré de los que se fueron.

Dejaré que se olviden sus nombres,

se llenen de musgo, se rajen, se pelen,

se pudran.

No hablaré de los que me olvidaron,

aunque yo no los olvide

ni tenga la certeza de que ellos

también me olvidaron.

No tengo la certeza,

solo tengo el silencio.

El suyo.

El mío.



La poesía es mi lenguaje secreto,

el morse para mis enemigos.

¿Alguien me escucha?

¿Alguien me escucha?



Silencio.

Silencio: mar insondable que nadie

se atreve a cruzar entero.

Como un niño pegado al borde de la piscina

nadie quiere perder la orilla.






domingo, 7 de abril de 2024

 










LA SUERTE



Llegar agotado a la cama cada noche.

Llegar a los arrecifes del sueño colmado

de aventuras, amigos, amor.

Pensar que el día que acaba

no puede ofrecerte más

de lo que ya te ha dado.

Aceptarlo todo humildemente.

No pensar que te mereces ni el placer

ni el dolor,

pero aceptar que lo que hoy es tuyo

mañana será de otro.


Llegar agotado a tu cama

todas las noches.

Dormirse con la memoria encendida, con esa luz

extraña de los momentos irrepetibles, inesperados, hermosos

y limpios (esa hermosura y esa limpieza

de los primeros días, que a veces aún te devuelve la vida).

Has perdido tanto y aún así la vida, como las olas, 

devuelve algunos restos del naufragio. 

Llegan a la playa maletas a la deriva, y tú las abres

porque no imaginas que son tuyas, no recuerdas

lo que pasó, lo que metiste dentro, la esperanza

que se perdió en la noche. 

Y de súbito encuentras un conjuro que un muchacho

copió sin entender su significado.

Y lo descifras al momento, 

porque la vida, descubres, 

te ha llevado lejos, más lejos, mucho más lejos

de lo que pensabas que nunca te podría llevar.

Y cuando caes rendido en la cama,

agotado y feliz,

sabes qué no puedes pedir más,

que la suerte es inmerecida siempre,

y que hay que ser muy humilde

para saber aceptarla cuando llega

y despedirla cuando se va.









LA GRAN ESTAFA



la gran apuesta es

levantarse cada día

pensando que cada día

es un día normal


la gran mentira es

levantarse cada día

pensando que lo único que hay que hacer

es dejarse llevar hasta la noche

como cada día

como cualquier día normal

dejarse llevar pacíficamente

dejarse llevar como si no costase ningún esfuerzo

vivir y ser arrastrado por la vida.


la gran estafa es pensar

que vamos a ser los protagonistas de nuestra propia vida

y pagar las cuotas mensuales

y pagar los impuestos y los recibos

y pagarle al productor y al director y a los actores secundarios

y luego esperar que empiece el rodaje

y mientras pagar las cuotas y los impuestos

y los recibos

y los sueldos del director y los actores

y esperar que empiece el rodaje

y esperar noticias del productor

y esperar noticias

y esperar 

y esperar…