sábado, 20 de septiembre de 2025

 






















CUANDO NOS AMAMOS (boceto uno)
 


Cuando nos amamos
se aman todos los amantes del mundo,
los que se hirieron con amor,
los que veneraron el amor sobre un altar,
y sacrificaron pequeñas uñas en su nombre,
 o grandes espejos, o finas camisas,
o cualquier cosa que tuvieran a mano,
los que comieron amor y les sentó mal,
los que comieron amor y quedaron saciados,
tan saciados que luego ya no pudieron comer nada más
y murieron de hambre.
Cuando nos amamos, en nosotros
se aman todos los amantes del mundo,
los que no llegaron a amar,
los que amaron a gritos,
los que amaron en silencio,
o solo un ratito entre dos tormentas,
porque los rayos y los truenos
espantaban a los poemas del parvulario.
Cuando nos amamos no hay nadie
más en el mundo que pueda amar,
todo el amor es nuestro,
tenemos posesión del morfema y sus derivados,
 de los adjetivos, de los adverbios, de los
complementos circunstanciales de modo, de lugar
y hasta de tiempo.
Cuando nos amamos todo
el amor es nuestro. (Aunque todo se nos escapa
porque las redes son demasiado anchas,
y mejor así, mejor que escape todo el amor,
que no se quede dentro, que corra y salte
y vuele sobre la ciudad, y así nos deje dormir
 hasta que llegue la noche.)
Todo el amor que alguien lanzó o ingirió
o machacó o pinto con tinta invisible
o solo dejó olvidado
en un cajoncito de la cómoda, por si alguna tarde,
a media siesta, sonaba un timbre, todo ese amor
que es nuestro, tuyo y mío, nuestro
desde el principio del mundo, nuestro hasta
el final del mundo,
todo ese amor cabe en un beso,
en un mordisco, en un lamido,
en un pellizco, en un gemido,
incluso en un silencio cabe todo ese amor
cuando nos amamos.
Pero luego abres los ojos, los muebles
 se quedan quietos, la casa espera
el golpe de la puerta al cerrarse,
solo las cortinas bailan distraídas.
“Ha estado bien el amor”, me dices,
“Ha estado bien el amor”, te digo,
sin hablar, sin mirarnos, con el morse de los dedos.
Todo el amor de los amantes,
todo ese amor que era nuestro,
vuelve a ser una corriente de aire frio
que vaga sin rumbo, que a veces
hace volar los sombreros, pero que refresca
las tardes de un agosto terrible.
Mejor así, te digo, sin hablar, con las letras
de la luz en la pared. Te levantas.
Te vas a la cocina.
“Ha estado bien”, dice la tele.









poema inicial


El sexo aún no existía
y el amor era tan nuevo
que no había sido tocado
por el aire pútrido de la vida.
Yo te quise
con todo el dolor de los puños
cerrados sobre el cuello
del pájaro infantil,
con todo el dolor del mar
contra la roca,
con todo el dolor de la raíz
bajo la acera.
Yo te quise,
pero el amor era tan nuevo
que las palabras aún estaban embaladas,
y el conserje hacía su trabajo
y lo hacía tan rápido
que los papeles saltaban a la hoguera
en el patio cerrado.
Todo esto sucedió entonces.
Luego se inventó el sexo y el matarratas.
Un aire malo tocó el amor y lo volvió
mercenario. Cuando le llamaban por su nombre
no respondía. Cuando le pedían
que hablara en su lengua materna
se escupía en los pies.
El conserje reía con ganas.
El beso no encontró río.
La boca no encontró puerta.
La sangre se equivocó de dirección
y yo quise despertar
y resultó que ya estaba despierto.
 





Hoy no es día para la poesía

 
–Ven conmigo. Sufrirás maravillosamente.
Tu deseo más profundo es una piedra en el río.
Una piedra del fondo, luchando desesperadamente
contra la corriente,
agarrándose a un suelo de fango
 que no la retendrá.
Tu deseo más profundo se precipita
por la catarata,
se precipita hacia mí,
se precipita hacia el dolor, que tú nunca has creído
que sea un tipo de placer.
Hoy no es día para la poesía.
 




  
Ejercicio práctico nª 2. Resume brevemente tu trayectoria vital
 

No lo volveré a hacer
No lo volveré a hacer
No lo volveré a hacer
No lo volveré a hacer
 
 
¿Qué vas a hacer?
Volverlo a hacer.






















De camino


Él dirá que dice la verdad.

No le hagáis caso.

Será inútil que intentéis disuadirle.

No bailará con vosotros.

Ni falta que hace.

Vosotros a lo vuestro.

Él dirá que dice la verdad.

Jurará que quiere preveniros.

Que lo hace por amor a los hombres,

a la humanidad entera.

No le hagáis caso.

No aminoréis la marcha.

Bailad, reid, corred, corred más.

El iceberg ya está cerca.